Desde hace ya varios años se viene repitiendo la historia de modificaciones e implementaciones en el Código de Tránsito ; sin embargo, los índices de accidentes y muertes en las autopistas no han variado mucho. Peor aún, si hablamos de vidas, en las que un número más o un número menos no hacen la gran diferencia.Ahora, un capítulo repetitivo de esta triste novela social parece haberse escrito el día de ayer. La Municipalidad de Lima publicó la Nueva Reglamentación para el Transporte Público (otra más) en la que, de verdad, se establecen sanciones económicas muy severas para las malas actitudes de los transportistas y cobradores; no obstante, habría puntos que esclarecer.
Aunque faltan 150 días para que dicho reglamento entre en vigencia, todavía no se precisa de qué manera las personas podrán hacer valer los justos derechos que ahora les son reconocidos. Por ejemplo, ¿cómo denunciaría un invidente a una combi que no lo quiere dejar subir?, o en otro caso, ¿cuántos cobradores tendrían que pagar 360 soles por llamar a sus pasajeros a viva voz?
Algunas cositas que ajustar, pero muy buen avance. La ciudad y el sistema de transporte está hecho para los ciudadanos y no para los autobuses y combis. Esperemos que el reglamento en mención prospere y no se queda, como otros, en el papel.



Otro signo de que la globalización y el crecimiento económico no son sinónimos de progreso se ha visto evidenciado en estas últimas semanas. Nuestras carreteras y principales vías de transporte se han vuelto a teñir no sólo de sangre, sino ahora de impotencia, rabia y frustración, sumándose también el desinterés por parte de nuestras autoridades en mejorar tal situación.
